Si escribiera algunas prosas, si plasmara algún verso, si derramara sobre mi teclado las más hermosas palabras, éstas, ni en el mejor de los casos, podrían, tan siquiera contener, la descripción completa del lugar hacia donde tu mirada me lleva.
La naturaleza envuelve el más enigmático secreto, la dinámica de los seres, el ciclo infinito de una suprema armonía que Dios quiso que el hombre experimentara con solo dos elementos: tu y yo. Que sencillos ingredientes, que medio más infinito que Su Amor, el de nuestro Creador. En ese medio existimos, cohabitamos, nos amamos y crecemos, aprendiendo día a día a disfrutar de cada unidad de tiempo, de cada pizca de tus besos, de cada caricia.
Porque decidimos volar en este trineo sin conocer el terminal de destino, porque nos aventuramos a amarnos en este incesante vuelo. Pues las plumas de sus alas acarician nuestros rostros y nos hacen sentir seguros. Tomo tu mano y me pierdo en medio de esta locura. Pues, sin conocer el destino exacto, sabemos que estamos en lo correcto, ya que, de alguna manera y, al mismo tiempo, construimos sobre un plano que no hemos visto, pero ya está trazado y avanzamos hacia un fin eterno seguro y concreto.
Y es en esta aparente dualidad: la certeza de nuestros sueños, cada ladrillo que apilamos en esta sólida torre y la difusa sombra de la maqueta, hecha por el Maestro, de nuestras vidas; que me siento seguro.
Amar es más que lo que siento, es dejarlo todo en este hermoso terreno, fértil, santo, eterno y nupcial. Porque solo un sentimiento no basta para expresar lo que vivo. Pues es el arduo trabajo de un obrero construyendo una obra memorable. Es la convicción de un compromiso con el cielo y contigo sellado por los votos con los cuales le confesé al mundo cuánto te amo. Porque creo que nuestro matrimonio es más sólido, estable y único que la mejor aleación conocida. Porque el ser más importante de nuestra relación es Jesucristo, y eso nos da la certeza de que no nos perderemos el uno al otro nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario